Noticias al Dia

En el marco de los 100 años del Diario Católico de San Cristóbal, y acogiendo la presencia del Doctor Paolo Ruffini, prefecto del Dicasterio de la Comunicación Social de la Santa Sede, los delegados de comunicación se reunieron los días 13, 14 y 15 de mayo en la casa de retiros El Sembrador, de Palmira, Edo. Táchira.

Se contó con la participación de representantes de 13 diócesis y 2 Vicariatos apostólicos; Guarenas, La Guaira, Carora, Punto Fijo, Guanare, San Cristóbal, Barinas, El Vigía-San Carlos del Zulia, Guasdualito, Cabimas, Maracaibo, Trujillo, El Tigre, Tucupita y Amazonas, respondieron al llamado de Monseñor Tulio Ramírez, presidente de la Comisión Episcopal de Medios de Comunicación Social, con el apoyo del área de Comunicación del SPEV y la oficina de prensa de la CEV.

Alguno de los aspectos profundizados en este encuentro fueron el rediseño del SPEV, las funciones del área de comunicaciones y la oficina de prensa; Inteligencia Artificia, riesgos y propuestas; líneas de acción en conjunto y distribución de tareas para este año 2024.

De particular importancia fueron las palabras del doctor Ruffini, quien llegó desde Roma para compartir la alegría de la Diócesis de San Cristóbal por el centenario del Diario Católico. Además de contarnos su trayectoria como comunicador, la cual le permitió asumir el servicio en el Dicasterio, puntualizó aspectos relevantes con relación al papel del comunicador ante de la Sinodalidad, reiterando que, comunicar lo bueno, lo esperanzador y los logros de todos, puede ser de mayor provecho para la construcción de una Iglesia más participativa.

La comunicación en momentos de crisis fue otro de los aspectos que retomó Ruffini, dejando claro que somos una Iglesia también pecadora y que aceptar los errores con humildad es el primer paso para superarlos. Por último, nos recordó la importancia de incluir a todos los públicos en nuestro trabajo comunicador, sin importar religión, condición social ni cultural. El Dr Ruffini ha dejado una estela de motivación en todos los comunicadores católicos, alentándolos a «formar una gran red que supere los sesgos y los fatalismos para convertirnos es Comunicadores de la Buena Noticia de Jesús, marcada siempre por la esperanza para los creyentes».

Desde el área de comunicación y la oficina de prensa, agradecemos a Monseñor Mario Moronta, al padre Jean Carlos Yepes y al padre Jhoswerd Alfredo Lugo quienes se esmeraron en la preparación y desarrollo de tan importante evento. El ambiente fraternal, la disposición de cada participante y el compromiso por la comunicación social fueron los aspectos más relevantes del trabajo realizado.

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Prensa CEV

Próximos a celebrar el domingo 19 de mayo la fiesta de Pentecostés que concluye el tiempo de Pascua, entrevistamos a Mons. Jesús González de Zárate, Arzobispo de Cumaná y Presidente de la Conferencia Episcopal Venezolana sobre el significado de este día y su proyección en la vida de la Iglesia y la sociedad venezolanas.

Monseñor, ¿Qué significa la fiesta de Pentecostés para la Iglesia?

Pentecostés es la gran fiesta del Espíritu Santo, y ya que el Espíritu es el don por excelencia de Cristo Resucitado (cf. Jn 20,22-24), debemos decir que celebrar la fiesta de Pentecostés es, en primer lugar, crecer en la conciencia que no estamos solos, que Jesús nos dejó la asistencia constante del Maestro que habla al corazón para recordarnos sus enseñanzas para que permanezcamos en la verdad; del Defensor que nos consuela y fortalece, y nos hace salir airosos en los momentos de prueba y tribulación; del Espíritu creador que renueva desde lo más profundo todas las cosas.

Además, para la Iglesia en Venezuela, la fiesta de Pentecostés es el Día del Seminario, lo cual nos habla de nuestra confianza en la obra que el Espíritu Santo sigue realizando en la Iglesia a través de aquellos a los que llama al ministerio sacerdotal y a la vida religiosa.

Y ¿cómo puede aplicarse ese mensaje de Pentecostés en la actual realidad de Venezuela?

Como ya he afirmado, Pentecostés nos recuerda que los venezolanos no estamos solos en nuestros proyectos, luchas y problemas: el Señor está siempre con nosotros. Él es nuestra fortaleza y consuelo en medio de las dificultades que hoy vivimos. El Espíritu Santo nos da la “parresía”, término griego que significa audacia, franqueza, valor para comunicar y actuar y conforme a los valores del Reino de Dios. Para impregnar de Evangelio la vida social, tarea que los cristianos debemos asumir con renovado impulso, nos concede sus dones – sabiduría, ciencia, consejo-, para que seamos capaces de transformar la realidad de exclusión, división, violencia y conflictividad permanente que nos empobrece, y conducirla, con el cumplimiento de sus mandatos, a la unidad que hace posible el amor.

Construir la unidad ¿es ésta una tarea difícil?

La fiesta de Pentecostés nos recuerda que la unidad es siempre posible porque no depende solo de nuestras capacidades, de nuestras estrategias humanas, ya que es el Espíritu quien crea en nosotros un corazón nuevo transformado por el amor, que nos hace vencer el egoísmo, la indiferencia ante el otro, y nos hace posible vivir en comunión. Que es posible que, seamos un solo cuerpo y tengamos un mismo sentir en la Iglesia, aunque existan carismas y funciones distintas ya que éstos están siempre orientados al bien de todos (cf. 1 Cor 12,4-31). Pentecostés es la fiesta de la unidad verdadera -aquella según Dios- que no es uniformidad, sino unidad en las diferencias.

En el caso concreto de Venezuela, para que la unidad sea posible debemos evitar que impere la dinámica de los bandos excluyentes; la lógica de encerramos en nuestros planteamientos y posiciones, considerándolas mejores que los demás, olvidándonos que los demás pueden tener posiciones válidas. También debemos evitar convertir la unidad en uniformidad: en la obligación que todos hagamos lo mismo y de la misma manera. Cuando esto sucede, se pierde la libertad, y san Pablo nos dice que “donde está el Espíritu del Señor, hay libertad” (2 Co 3,17).

Pido al Espíritu Santo en esta festividad de Pentecostés nos conceda a los venezolanos la capacidad de trabajar por el reconocimiento mutuo, el respeto, la tolerancia; de trabajar por el bien común de Venezuela.

Cree usted que en medio de las actuales condiciones sociales, económicas y políticas de Venezuela ¿esto es posible?

El mensaje de renovación de Pentecostés está muy vinculado con el de la esperanza. Como cristiano creo que, en lo más profundo del corazón de cada persona está presente el deseo y la expectativa del bien, de la justicia, de la verdad. Por eso podemos afirmar que, aunque con frecuencia encontremos personas desanimadas ante los problemas y la incertidumbre, en la mente y el corazón de la inmensa mayoría de los venezolanos existe la esperanza que el futuro de nuestro país será mejor.

Al respecto, me gustaría recordar lo afirmado por el Papa Francisco en la Bula de Convocatoria al Jubileo del Año 2025 publicada el pasado 9 de mayo quien nos ha dicho que la esperanza se funda en el amor de Jesús de quien nada ni nadie puede separarnos (cf, Rom 8,35-39), y se renueva siempre por la acción del Espíritu Santo.

Los venezolanos tienen esperanza ¿cómo se manifiesta?

Además de la fe de nuestro pueblo que lo sostiene en su cotidiano vivir, esta esperanza la podemos encontrar en el deseo y el compromiso de cambioque se va extendiendo en la mayoría de la población. Un cambio que debe construirse, como lo reflejan los recientes sondeos de opinión, en un clima de inclusión, tolerancia, igualdad de oportunidades y respeto de todos, superando la tentación de imposición o control de unos pocos sobre las grandes mayorías.

Una esperanza que se ve en la convicción, cada vez más generalizada, que los venezolanos necesitamos recuperar la alegría de vivir y la paz social, por lo que no debemos conformarnos con sobrevivir o subsistir amoldándonos a la situación presente Particularmente, nuestra sociedad debe brindar signos de esperanza a aquellos que son el presente y el futuro de nuestro país: los jóvenes, quienes lamentablemente, con frecuencia ven que sus sueños se derrumban.

Para ello es necesario que nuestra sociedad cuente con instituciones y políticas públicas capaces de brindar signos de esperanza a los hogares empobrecidos, a los enfermos, a los privados de libertad en razón de sus posiciones políticas, a los millones de migrantes venezolanos dispersos por todo el mundo. Las próximas elecciones presidenciales son una magnífica oportunidad para crecer en el compromiso y participación de la ciudadanía en la construcción de un país mejor, para lo cual se debe garantizar la adecuada aplicación de los principios y mecanismos democráticos consagrados en la Constitución y las leyes.

¡No se trata de una tarea fácil!

Los cristianos anclados en la fe, la esperanza y la caridad, que nos hace capaces de vivir en Cristo superando el pecado, el miedo y la muerte, sabemos que la última palabra no la tiene el mal.

Aunque soy conscientes que la injusticia, la mentira, la violencia, la conculcación de los derechos dejan dolorosas heridas entre nosotros – y que no siempre es fácil sanar esas heridas -confío que la reconciliación, el perdón nos ayude a construir un mejor futuro, de forma que podamos vivir de una manera diferente, sin rencor, sin ira ni venganza”. En la medida en que los venezolanos transitemos este camino, nuestro país tendrá esperanza.

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Hoy 14 de mayo, el Santo Padre ha nombrado un nuevo Nuncio Apostólico para Venezuela, se trata del Excmo. Monseñor Alberto Ortega Martín.

Mons. Ortega nació en Madrid (España) el 14 de noviembre de 1962.

Fue ordenado sacerdote el 28 de abril de 1990, para la Arquidiócesis de Madrid.

Obtuvo el Doctorado en Derecho Canónico.

Ingresó en el servicio diplomático de la Santa Sede el 1 de julio de 1997.

Prestó su servicio en las Nunciaturas Apostólicas en Nicaragua (1997- 1999), Sudáfrica (1999-2002), Líbano (2002-2004), así como en la Sección para las Relaciones con los Estados de la Secretaría de Estado (2004-2015).

El 1 de agosto de 2015 el Papa Francisco lo nombró Arzobispo Titular de Midila y Nuncio Apostólico en Jordania e Irak.

El 10 de octubre de ese mismo año recibió la Ordenación Episcopal.

El 7 de octubre de 2019 fue nombrado Nuncio Apostólico en Chile.

Idiomas conocidos: Español, Italiano, Inglés y Francés.

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A los seminaristas y a los implicados en su formación, con motivo del Día del Seminario

1.- Cada año celebramos el día de Pentecostés como el “Día del Seminario”, así lo decidieron los obispos, en Venezuela, hace unos 96 años; ocasión propicia para orar por los seminaristas, ese grupo de jóvenes que han tomado la decisión de consagrarse al Señor en el Ministerio Sacerdotal. Damos gracias al Señor por el llamado que les ha hecho: “Soy Yo quien los he elegido”, dice el Señor. Le pedimos, igualmente, que les conceda la perseverancia y el don del discernimiento, para que afiancen su vocación y su fidelidad a Dios en su seguimiento.

2.- También oramos por los formadores, en los distintos seminarios de Venezuela, todo ese equipo que tiene la ardua tarea de ir configurando con Cristo a los que perseveran en el llamado. A todos ellos les expresamos nuestra gratitud y estima por su entrega, preocupación y amor a la Iglesia.

3.- Queridos seminaristas están ustedes en la etapa más hermosa e importante para su formación y preparación para el Ministerio Sacerdotal, no desaprovechen esta oportunidad; pero para esto se requiere escucha y discernimiento a la luz de la Palabra de Dios, y transitar la sinodalidad como lo exige la Iglesia hoy bajo el Pontificado del Papa Francisco. Que cada uno reconozca la llamada que Dios le hace y a la que debe responder con generosidad, alegría y decisión radical, para que pueda vivir en plenitud su unción bautismal en la vocación que ha elegido.

4.- No pueden perder el norte. Hoy en día hay muchos distractores que pueden influir en sus vidas como seminaristas. Hay que estar centrados en la comunión con el Maestro de Nazaret. Es Él quien llama y prepara a sus discípulos. Es el modelo a imitar. No hay que perder la identidad de la vocación a la que han sido llamados. Esto se logra cuando se vive en plena comunión con el Señor, desde el seminario. Durante la formación, en el seminario, habrá que preguntarse entonces ¿Qué tipo de sacerdote quiero ser?, para ir logrando esa configuración. Nuestra vocación debe tener su origen en Jesucristo, Buen Pastor, que dio su vida por las ovejas.

5.- En todas las diócesis existe la Pastoral Vocacional, pero es necesario fortalecerlas más. Todos estamos conscientes de la necesidad que tenemos de vocaciones santas y esperanzadoras. Vocaciones que surjan de nuestras propias comunidades, que sean fruto de nuestra acción evangelizadora y pastoral. Es importante, además, crear una cultura vocacional, desde la familia. El tema vocacional debe ser reflexionado en toda comunidad cristiana parroquial, sabiendo que es responsabilidad de todos, esta tarea.

6.- La Pastoral Vocacional debe ir de la mano de la Pastoral Juvenil, para ayudar a los jóvenes a descubrir el llamado que el Señor les hace como realización de su propia vida, sea laical, sacerdotal o vida consagrada. También la Pastoral Vocacional se encarga de animar la oración por las diversas vocaciones. Pensemos que sin sacerdotes no hay Eucaristía, y sin Eucaristía no hay Iglesia.

7.- Hay que orar mucho por las vocaciones en general: al Matrimonio, para la Vida Consagrada, para el apostolado laical, para el Diaconado Permanente y, por supuesto, para el Ministerio Sacerdotal. Tengamos claro que no sólo faltan vocaciones para la vida pastoral y eclesial, sino también en todos los ámbitos de la vida humana como, por ejemplo: en el mundo de la empresa, de la salud, de los servicios públicos, de la política, sindicatos, de la industria y otros.

8.- Hoy, más que nunca, se necesitan pastores que vayan a lo profundo de las relaciones humanas y cristianas, que no pongan límites, que sean desinteresados, siempre abiertos a nuevos horizontes. Pensemos que es el Señor quien los llama. Y los llama en este momento histórico difícil para hablar de Dios y de la fe, de salvación y de pecado. Pero no por eso hay que dejar de hablar de Dios y de las verdades fundamentales de nuestra fe.

9.- Los integrantes de la Comisión del Clero, Vocaciones, Seminarios y Diaconado Permanente de la Conferencia Episcopal Venezolana (CEV), les expresamos nuestras palabras de reconocimiento y estima a todos los seminaristas y equipo formador de cada seminario. Igualmente, oramos para que el Señor los bendiga y acompañe en esta tarea, les ayude, con su Divino Espíritu, a superar todas las dificultades que puedan encontrar en este camino. Que María de Coromoto, Patrona de Venezuela, interceda ante su Hijo, Buen Pastor, por todos los seminaristas y formadores, en Venezuela. Amén.

Polito Rodríguez Méndez / Obispo de San Carlos / Presidente de la Comisión

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El jueves 02 de mayo inició en la sede del Centro de Apoyo al Maestro en La Pastora, Caracas, al primer módulo de formación correspondiente al Diplomado en Pastoral Educativa. Proceso formativo que se está ejecutando en conjunto entre el programa de formación docente del Centro de Cultura, Educación y Comunicación del SPEV y la Escuela de Formación de AVEC.

El primer módulo lleva por título: “El maestro: misión, identidad, oficio y vocación”, y en el mismo se desarrollaron las temáticas del perfil del educador católico facilitada por el prof. José Pimentel, identidad y misión del maestro por la profesora Ana Repole, pastoral del maestro, facilitado por el prof. Giclis Santamaría, coordinador general del diplomado. El encuentro contó con mesas de trabajo sobre el papel del maestro comunicador, orientador y su trabajo en relación a la tecnología y la ecología integral; estas mesas fueron facilitadas por los profesores Pablo Martínez, Wilfer Ramírez, Jhonny Castillo y José Pimentel. La última temática tratada en este primer módulo fue la vocación del maestro, facilitada por Giclis Santamaría.

Hubo una significativa participación de maestros, profesores y coordinadores de pastoral de escuelas de distintas partes de Venezuela como Caracas, Los Teques, La Guaira, Guarenas, Valles del Tuy, Barcelona, El Tigre, Valencia, Barquisimeto, Machiques y San Cristóbal. Este diplomado es avalado académicamente por el Instituto Nacional de Pastoral (INPAS) y el Instituto Universitario Pedagógico Monseñor Arias Blanco (IUPMA).

La próxima cita será en el mes de julio de este año para el desarrollo del segundo módulo del diplomado y hay oportunidad para quienes deseen inscribirse.

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